Comenzó el plan de urbanización de la Villa 20 y en febrero de 2018 entregarán las primeras viviendas

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Publicado: 18/10/2017
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El predio donde se originó el asentamiento Papa Francisco cambia día a día. Desde la avenida Fernández de la Cruz, en Villa Soldati. Allí, donde hace tres años se discutía a fuerza de puños y sangre por una porción de tierra, se levantan 1700 viviendas asignadas a los vecinos de la villa 20 que serán relocalizados cuando avance la urbanización.


Febrero de 2018 aparece como el gran objetivo porque durante ese mes el Instituto de la Vivienda (IVC) de la Ciudad prevé entregar las primeras 552 unidades con toda la infraestructura lista: cloacas, agua corriente, servicios pluviales y electricidad. Se destinarán a familias que actualmente viven en cuatro manzanas donde se harán las primeras aperturas de calles, ya definidas en los planos elaborados en las Mesas de Gestión Participativa. Es decir, deberán abandonar sus hogares actuales para facilitar la prolongación de calles dentro del ejido urbano y el mejoramiento de los servicios públicos. Muchas viviendas serán demolidas. En su lugar, habrá espacio público.

"Si me dicen andate mañana, ya mismo me pongo a armar la mudanza", dice Jhonny Oropeza, apoyado en una de las paredes de su pequeño hogar. El techo está a poco menos de dos metros, el piso de tierra tiene tanta humedad que está casi barroso, hay tan poca luz como en una cueva y el aire se respira espeso. La habitación, la cocina y el baño se amontonan en sólo 15 metros de profundidad y tres de ancho. Desde hace doce años, viven ahí su esposa, su hijo y él.

La casa de Jhonny está en la manzana 28, sobre la calle Chilavert, frente a la intersercción con Miralla que en pocos meses avanzará hasta Fernández de la Cruz. Para eso, la casilla desaparecerá y la familia Oropeza tendrá la oportunidad de mudarse a un departamento nuevo. "Estaba haciendo la loza arriba, había puesto las columnas, pero me dijeron que no avance, que no gaste más guita porque en febrero o marzo nos entregan", dice el albañil. "¿Quién no quiere tener una casa nueva? Y sí, sale, vale, otra no queda, hay que pagar. Salir de acá un poquito, hay que vivir bien", repite.

Corvalán, Unanué y Barros Pazos serán otras de las arterias que se abrirán dentro de la Villa 20 cuando comience el esponjamiento del barrio, o apertura de pulmones de manzana. La elección de las calles a intervenir se discutieron con los vecinos en las Mesas de Gestión Participativa (MGP) que se hacen todas las semanas en el barrio entre los vecinos y representantes del IVC y las Defensorías del Pueblo de la Nación y de la Ciudad.

Cada una de las 30 manzanas de la villa 20 está representada por una MGP que organiza dos encuentros por semana (además, cada 15 días se hace una reunión de la MGP de todo el barrio). En esas charlas se les dio forma a los planos, y los vecinos que serán relocalizados fueron informados de cómo será el procedimiento de la mudanza y de los créditos que deberán asumir para pagar las nuevas viviendas. Aunque todavía no se definió esa mecánica financiera, se sabe que serán préstamos a largo plazo con cuotas accesibles de acuerdo a la posibilidad económica de cada familia.

"Nuestra casa da justo a una esquina y cuando llueve queda el agua estancada. Muchas veces caminamos por ahí con el agua hasta las rodillas, con ratas del tamaño de un gato. Cuando se inunda ves pasar las ratas como si fueran delfines", cuenta y se ríe Belén Enciso, acostumbrada a vivir, con su familia, esas situaciones.

Entre un cementerio de autos sus padres armaron una casilla humilde de chapas y maderas a comienzos de 2000. Fueron los primeros en instalarse en lo que hoy es la manzana 28. Después llegaron los vecinos, los trabajos estables, la casa de material y la ampliación. Son 11 personas viviendo en dos plantas. La asignación de nuevas viviendas los ayudará a terminar con el hacinamiento, entre otros problemas.

"No esperábamos esta posibilidad, no creíamos que algún día podía pasar porque nunca nadie tocó la puerta. Vamos a estar en tres departamentos diferentes. Estamos con mucha alegría y ansiedad porque no queremos estar más ahí", dice.

A su lado, una de sus hermanas asiente todo lo que dice Belén. Afirma con movimientos de cabeza mientras camina por las calles de la villa. "Estamos conviviendo con muchos problemas de salud, sobre todo para los chicos que sufren la humedad, el frío, no tener agua caliente. Muchas veces le dije a mi mamá que me dolía en el alma, pero me tenía que ir de la casa porque mi hija la pasa mal", sostiene Viviana.

La apertura de las calles empezará después de la mudanza de los primeras 552 familias. La demolición de las viviendas que hoy no permiten el avance de las arterias se producirá a medida que los vecinos abandonen sus viviendas actuales y se instalen en las nuevas unidades.

Algunas viviendas que no se encuentran en la traza de las futuras calles también serán demolidas por las falencias estructurales que presentan; otras se someterán a una puesta en valor de acuerdo a los informes realizados por arquitectos en cada caso en particular, en un trabajo articulado por la Subsecretaría de Hábitat e Inclusión (SSHI).

La ansiedad por acceder a nuevas viviendas es uno de los sentimientos que reina en la villa 20. Pero también las dudas. Las principales surgen por saber cómo se entregarán las restantes 650 viviendas y cómo funcionarán los servicios cuando los nuevos módulos habitacionales estén en pleno funcionamiento.

Hay quienes temen que esos departamentos (sumados a los 1100 que forman la Villa Olímpica, ubicada en la zona) se destinen a vecinos de otros barrios y no a los habitantes del Sur. "La viviendas siempre se manejaron de forma muy arbitraria. La gente que no tiene casa termina no teniendo casa; las entregas terminan siendo sospechosas", repiten algunas voces en la villa.

Fuente: La Nacion