Las escuela de la Ciudad adoptan el programa "sube y baja" para evitar caos de tránsito

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Publicado: 06/03/2019
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Por noveno año consecutivo, familias, maestros y directivos de una escuela del barrio de Belgrano se preparan para renovar el operativo de entrada y salida de los chicos al establecimiento.

A lo largo del tiempo, lograron desarrollar un mecanismo que les permite agilizar este momento que, en general, no dura más de entre 20 minutos y media hora. Un momento que, a pesar de su brevedad, provoca caos en las calles de las escuelas aún no organizadas, brotes de furia en algunos conductores y bocinazos irritantes... todo cuando recién está comenzando el día.

"Entendimos que lo más práctico es evitar que el adulto baje del auto. Esto es determinante para cambiar la dinámica. Entonces nos organizamos con voluntarios (padres y madres) que abren la puerta de los autos; ayudan a bajar a los chicos con sus mochilas, y los dejan en la puerta de la escuela, en donde ya los reciben maestros o autoridades. Una de las claves es generar hábito en los voluntarios y, por supuesto, contar con todo el apoyo de la comunidad que forma parte de la escuela", explica a Clarín Agustín Raffo, papá y vice presidente de la comisión directiva del Colegio Pestalozzi.

El establecimiento está en Freire, entre La Pampa y Sucre. Para la hora de la salida, el año pasado un papá desarrolló una aplicación que lee la patente de los autos que van acercándose hasta la puerta y dispara un aviso a la maestra. Así, ella prepara al alumno y lo acerca hasta la puerta de la escuela.

"Pensamos las soluciones mirando lo que ocurre en otros lugares del mundo. Pero las adaptamos e hicimos un programa a nuestra medida. A favor, nuestra escuela ocupa toda una cuadra y esto nos facilita la organización. Pero no tengo dudas de que se puede hacer en todas las escuelas, con el compromiso de todos", opina Raffo.

El Pestalozzi tiene alrededor de 1.200 alumnos entre nivel inicial, primaria y secundaria. También impulsa una campaña para que se use menos el auto.

Según datos oficiales, en la Ciudad hay 2.861 establecimientos educativos, 1.058 de los cuales son privados, entre jardines, escuelas primarias y secundarias. Para paliar el caos que se genera en muchos de ellos, la Secretaría de Tránsito viene trabajando en un programa que se denomina "Sube y Baja". También se basa en que los padres no desciendan de sus vehículos. En cambio, los chicos son recibidos por voluntarios o maestros.

Por el momento el proyecto se aplica en 70 escuelas y esperan que para el primer semestre se hayan sumado otras 60. Este programa comenzó a funcionar en 2017 y ayudó a "reducir en un 100% la doble fila". Es que el estacionamiento en doble fila es una de las mayores problemáticas que se detectan en los alrededores de las escuelas, lo que genera inseguridad vial y mucha molestia entre los vecinos que viven en las inmediaciones.

Como cada escuela tiene su particularidad, el programa se adapta a los entornos. "La idea es aportar soluciones específicas, ajustándose a las calles internas, avenidas y paradas de colectivos. Se entregan las pecheras para los voluntarios, conos y piezas gráficas para explicar el método", explican desde la Secretaría. Desde ya, no es lo mismo una escuela que ocupa toda una manzana, que otra que tiene sólo una puerta de ingreso y ocupa dos terrenos. Y no es lo mismo que por el frente pasen líneas de colectivos o no.

"Para lograr un cambio cultural y mejorar la convivencia en las calles es necesario incorporar buenas prácticas desde la infancia. El programa Sube y Baja es un excelente ejemplo de compromiso y trabajo en conjunto entre la comunidad educativa, los padres y los niños", explica Paula Bisiau, subsecretaria de Movilidad Sustentable y Segura.

Cada barrio tiene su dinámica. En la zona de Primera Junta, sobre la avenida Rivadavia entre Víctor Martínez y Cachimayo, hay cuatro colegios. En época de clases, la mano hacia el centro porteño se convierte en un embudo al que se suman las líneas de colectivos que usan la avenida. "En ocasiones hay hasta dos y tres filas de autos que se detienen para dejar a los chicos. No todos estacionan, pero la mayoría busca quedar lo más cerca posible de las veredas. Al problema se suma que Rivadavia se angosta después de Emilio Mitre, ya que allí está la boca de ingreso al subte A. Entonces, los embotellamientos son tremendos", cuenta a Clarín un padre con tres hijos en una de esas escuelas.

Para evitar estas cuadras, muchos dejan el auto sobre la avenida Alberdi, paralela a Rivadavia. Pero sobre Alberdi está prohibido estacionar y por la zona hay agentes de tránsito que hacen fotomultas. Los ampara el hecho de que dejó de tener vigencia una ordenanza que permitía detenerse hasta 15 minutos antes o después del ingreso o egreso de los alumnos.

El St Brendan's, en Superí y Juramento, es otro colegio que está a punto de implementar el sistema "Sube y Baja". Desde su dirección aclaran: "Queda terminantemente prohibido estacionar en doble fila o adelantarse por fuera del corredor". Y advierten que habrá agentes de tránsito en las inmediaciones "verificando que se dé un estricto cumplimiento a las normas de tránsito".

En donde ignoran deliberadamente todas las normas de tránsito es en la escuela de la Universidad Abierta Interamericana (UAI), en San Juan y Lima. Por momentos, sobre la avenida San Juan se forma un tapón en medio del horario pico de ingreso a la Ciudad. Sobre el lado izquierdo hay hasta triple fila de autos estacionados y doble fila del lado derecho. En esa esquina siempre hay al menos cuatro agentes de tránsito, que ignoran deliberadamente el caos que se genera.

Los que también sufren las consecuencias son los vecinos. Nunca falta el padre que estaciona obstruyendo los garajes de edificios o de viviendas; incluso sobre las rampas. Y como es usual, son adultos que no admiten estar haciendo algo incorrecto. "No tengo dónde estacionar" y "Son sólo dos minutos" son las excusas de cabecera. En una Ciudad con una importante cuota de caos en las calles, las escuelas suman su parte. Pero las experiencias que incluyen la participación comunitaria demuestran que hay soluciones posibles.

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