Los adultos mayores de 61 años son el 20% de la población porteña y baja la tasa de natalidad

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Publicado: 29/07/2019
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Los adultos mayores, de 61 años, representan el 20% de la población porteña. Mientras que los chicos que tienen menos de 10 años son el 13%. Según datos de la Dirección de Estadística y Censos de la Ciudad, hay 409.624 chicos de cero a nueve años y 618.004 mayores de 60.

Para los expertos, el envejecimiento demográfico tiene muchas causas asociadas, pero la principal es la baja tasa de fecundidad, que junto al aumento de la esperanza de vida, genera cambios sustanciales en la composición por edad de la población. Comparada al resto de las provincias, la Ciudad de Buenos Aires es el lugar de la Argentina con más baja natalidad y, en simultáneo, más alta expectativa de vida. Eso se refleja en las casas porteñas, que ya son distintas a las del pasado en las que había un abuelo con un montón de nietos. Ahora son más verticales: con poco nieto o sin ellos (se atrasa la paternidad y se tiene menos hijos) y más familia hacia arriba, con abuelos y bisabuelos, porque los mayores viven más años.
 
Pero ¿cómo es el vínculo entre nenes y nenas para los que la tecnología es una extensión de su manera de conocer el mundo con hombres y mujeres que nacieron antes, durante o poco después de la Segunda Guerra Mundial? “De lo más bien y sin aparatitos”, responde Rosa, refiriéndose a la tablet y el celular que usa su nieto Germán una vez que cruza la puerta de su casa. “Los abuelos grandes a veces se asustan y creen que por su edad avanzada no pueden tener a los chicos, pero están equivocados. Tenemos amor, paciencia y tiempo. Ellos nos devuelven vida”.
 
En la fórmula de conexión no hay misterio: están los besos que dejan marca de pintalabios, los platos preferidos a disposición -“¿Qué tenés ganas de comer hoy, Germancito?”- y el sillón mullido donde sentarse a escuchar historias. Los relatos que más le gustan a él tienen que ver con el pasado de Rosa, con su llegada a la Argentina en barco, en 1948, desde Italia y con el “departamentito de madera” (conventillo) en el que vivió en La Boca. Germán la escucha y a veces suelta: “Te quiero Noni”.
 
Lidia tiene 76 años y tres nietos. Una de 13, otro de 11 y una de dos con la que dice que le costó más. No por la diferencia cultural entre ella, una persona 100% analógica, y su nieta Sibila, una absoluta nativa digital; sino por su propia salud, más débil en este momento por una enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). Su hijo Iván tuvo a Sibila, su primera hija, a los 38 años.
 
“Cuando nació, salí corriendo a verla al sanatorio. Es lo más lindo que he visto en mi vida”, dice sobre esa nieta por la que lamenta no estar óptima para llevarla a pasear al teatro o a la calesita, pero por la que se desvive y celebra cada avance como si fuera -y es- la alegría de sus días. “Justo mi hijo me envió por mail la evaluación de Sibila de mitad de año de la guardería. Dice que es muy sociable, muy cariñosa. Habla muy bien para su edad y tiene una memoria de elefante. Recuerda todos los nombres de los 21 compañeritos que tiene sin problema”, comenta, y el orgullo de abuela es explícito.
 
Como muchas veces se le dificulta salir, los encuentros abuela y nieta son a puerta cerrada, a veces una merienda, otras un almuerzo de domingo. En esas reuniones, hay dos actitudes de Sibila que la conmueven: “Cuando tenía un año, le gustaba tocar unos libritos muy antiguos, de 1820, que tengo sobre un mueble. Yo le enseñé que con ellos no se juega y, desde entonces, siempre que llega va a buscar los libritos y me los da en la mano, como diciendo son tuyos, los cuido y por eso te los doy”. La otra actitud es más una frase que Sibila repite, de tanto en tanto, mientras juega con Legos: “'Esto a la boca, no', dice, y es algo que yo antes le remarcaba mucho porque me daba miedo que se tragara una pieza”.
 
La Organización de las Naciones Unidas considera que un país tiene su población envejecida cuando más del 7% de los habitantes tiene más de 65 años. “La Argentina fue uno de los primeros en Latinoamericana en el que empezó a profundizarse el envejecimiento de la población, hace cinco décadas atrás”, especifica Elizabeth Carpinetti, jefa del departamento de Análisis Demográfico de la Dirección de Estadística y Censos.
 
En la Ciudad ocurrió en 1960. En ese momento la población de más de 65 años representaba el 9% y el proceso es tan importante que en 2010 ya la sexta parte de la población estaba en ese estrato etario.
 
“Hoy la población mayor de 65 supera al 7% con creces, por lo que podemos decir que la Ciudad de Buenos Aires tiene un envejecimiento avanzado”, agrega Carpinetti, quien además señala que en cada barrio porteño se envejece distinto y varía la cantidad de nacimientos.
 
De 2016 a 2018, -se calcula de a tres años para evitar variaciones-, Almagro, Boedo y Caballito fueron los que tuvieron la menor tasa de fecundidad (1,3 hijos por mujer). “Y no hay que sacar del análisis históricos como Recoleta y Belgrano, que junto a Colegiales, Núñez y Palermo, tuvieron 1,4 de tasa de fecundidad”, enfatiza la especialista. "En contrapartida -explica-, la zona sur de Capital registró las tasas más altas: Lugano, Barracas, La Boca, Soldati, Nueva Pompeya, Parque Patricios, Villa Riachuelo llegaron a 2 hijos por mujer, seguidos muy de cerca por Flores y Parque Chacabuco, con 1,9".
 
La casa de Pablo está en Barracas. Según los análisis de la Dirección de Estadística y Censos, ahí la tasa de fecundidad es alta, pero no tanto o al menos no con el alcance que a Pablo le gustaría. Tiene 73 años y una pregunta recurrente para su hija de 29. En reuniones familiares, sentado a la mesa, con una sonrisa a modo de disculpa, hasta hace poco le repetía: “¿Y nena, para cuándo?”. Nietos no le faltan: tiene cinco. Fue abuelo joven y, en el último tiempo, abuelo grande de nietos chicos, como Rosa y como Lidia.
 
"La de 29 es mi hija más chica, se casó hace tres años. La pregunta se la hice hasta que me puso los puntos: 'Papá, me voy de mi casa a las 8 y vuelvo a las 22, trabajo y estudio. No quiero abandonar la carrera. Termino y después vemos', me dijo y no insistí”, reconstruye, mientras se ríe. Por momentos parece reconocer su propia contradicción: “Quiero nietos pero a veces siento que ya somos abuelos viejos. Con mis amigos coincidimos en que no tenemos la misma paciencia, es que estos chicos vienen superdotados”.
 
Lo que más le cuesta entender a Pablo son las horas que pasan sus nietos frente a las pantallas y los videojuegos. “Si fuese que están viendo un mapa, o leyendo... ¡No! No saben lo que es jugar al balero, hacer un barrilete, se meten en la computadora y si los dejás 24 horas se quedan ahí”, se queja y se vuelve a reír. Cuenta que su esposa le dice que le cuesta adaptarse al mundo de ahora.
 
Aunque le cueste, los juegos con Renzo y Nacho están. A veces, son los “rasti” -dice- o una pelota de trapo, en la que nietos y abuelo comparten la complicidad de buscar un lugar donde pelotear sin ser retados por romper algo. La familiaridad también está en los gestos, en la manera de reírse, con la boca abierta y los mismos ojos rasgados. Todo está ahí, incluso cuando la paternidad postergada y el crecimiento de la expectativa de vida, los ponga a abuelos y nietos en los dos extremos de una línea de tiempo.
 
El viernes se conmemoró en la Argentina el Día de los Abuelos de acuerdo a una tradición de la Iglesia Católica. Se celebra el 26 de julio por ser el día en que se conmemora a San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús.
 
Pero además, algunos celebran por separado el Día del Abuelo (tercer domingo de agosto) y el Día de la Abuela (segundo domingo de noviembre).
 
CLARIN.COM